Tratado 2
Mas el lacerado mentía falsamente, porque en cofradías y mortuorios
que rezamos, a costa ajena comía como lobo y bebía mas que un
saludador. Y porque dije de mortuorios, Dios me perdone, que jamas fui
enemigo de la naturaleza humana sino entonces, y esto era porque
comíamos bien y me hartaban. Deseaba y aun rogaba a Dios que cada dia
matase el suyo. Y cuando dábamos sacramento a los enfermos, especialmente la extrema unción, como manda el clerigo rezar a los que están alli, yo cierto no era el postrero de la oración, y con todo mi corazón y buena voluntad rogaba al Señor, no que la echase a la parte
que más servido fuese, como se suele decir, mas que le llevase de
aqueste mundo. Y cuando alguno de estos escapaba, ¡Dios me lo
perdone!, que mil veces le daba al diablo. Y el que se moría otras
tantas bendiciones llevaba de mí dichas. Porque en todo el tiempo que
allí estuve, que seria cuasi seis meses, solas veinte personas
fallecieron, y estas bien creo que las mate yo o, por mejor decir,
murieron a mi recuesta; porque viendo el Señor mi rabiosa y continua muerte, pienso que holgaba de matarlos por darme a mi vida. Mas de lo que al presente padecía, remedio no hallaba, que si el día que enterrábamos yo vivía, los días que no había muerto, por quedar bien vezado de la hartura, tornando a mi cuotidiana hambre, mas lo sentía. De manera que en nada hallaba descanso, salvo en la muerte, que yo también para mí como para los otros deseaba algunas veces; mas no la vía, aunque estaba siempre en mi.
Pensé muchas veces irme de aquel mezquino amo, mas por dos cosas lo dejaba: la primera, por no me atrever a mis piernas, por temer de la flaqueza que de pura hambre me venia; y la otra, consideraba y decía:
"Yo he tenido dos amos: el primero traíame muerto de hambre y, dejándole, topé con estotro, que me tiene ya con ella en la sepultura. Pues si deste desisto y doy en otro mas bajo, ¿qué sera sino fenecer?"
Con esto no me osaba menear, porque tenia por fe que todos los grados había de hallar mas ruines. Y a abajar otro punto, no sonara Lázaro ni se oyera en el mundo.
