Tratado 2
"A fe, que los ratones y culebras que me destruían ya los he cazado."
Y mire por mí, y vime tan maltratado que luego sospeche mi mal.
A esta hora entro una vieja que ensalmaba, y los vecinos, y comienzanme a quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo. Y como me hallaron vuelto en mi sentido, holgaronse mucho y dijeron:
"Pues ha tornado en su acuerdo, placera a Dios no sera nada."
Ahí tornaron de nuevo a contar mis cuitas y a reirlas, y yo, pecador, a llorarlas. Con todo esto, dieronme de comer, que estaba transido de hambre, y apenas me pudieron remediar. Y ansí, de poco en poco, a los quince días me levante y estuve sin peligro, mas no sin hambre, y medio sano.
Luego otro día que fui levantado, el señor mi amo me tomo por la mano y sacome la puerta fuera y, puesto en la calle, dijome:
Lázaro, de hoy mas eres tuyo y no mío. Busca amo y vete con Dios, que yo no quiero en mi compañía tan diligente servidor. No es posible sino que hayas sido mozo de ciego."
Y santiguandose de mí como si yo estuviera endemoniado, tornase a
meter en casa y cierra su puerta.
