Tratado 3
Esto hecho, estuvo ansí un poco, y yo luego vi mala señal, por ser ya casi las dos y no le ver mas aliento de comer que a un muerto.
Despues desto, consideraba aquel tener cerrada la puerta con llave ni sentir arriba ni abajo pasos de viva persona por la casa. Todo lo que yo habia visto eran paredes, sin ver en ella silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arcaz como el de marras. Finalmente, ella parecia casa encantada. Estando asi, dijome:
"Tu, mozo, ¿has comido?"
"No, senor -dije yo-, que aun no eran dadas las ocho cuando con vuestra merced encontré."
"Pues, aunque de mañana, yo habia almorzado, y cuando ansí como algo, hagote saber que hasta la noche me estoy ansi. Por eso, pasate como pudieres, que despues cenaremos.
Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en poco de caer de mi estado, no tanto de hambre como por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa. Alli se me representaron de nuevo mis fatigas,
y torne a llorar mis trabajos; alli se me vino a la memoria la
consideración que hacia cuando me pensaba ir del clerigo, diciendo que
aunque aquel era desventurado y misero, por ventura toparía con otro
peor: finalmente, alli llore mi trabajosa vida pasada y mi cercana
muerte venidera.
Y con todo, disimulando lo mejor que pude:
"Senor, mozo soy que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios.
Deso me podre yo alabar entre todos mis iguales por de mejor garganta, y ansi fui yo loado della fasta hoy dia de los amos que yo he tenido."
"Virtud es esa -dijo él- y por eso te querré yo mas, porque el hartar es de los puercos y el comer regladamente es de los hombres de bien."
