Tratado 3
Vista mi inocencia, dejaronme, dandome por libre. Y el alguacil y el escribano piden al hombre y a la mujer sus derechos, sobre lo cual tuvieron gran contienda y ruido, porque ellos alegaron no ser obligados a pagar, pues no había de que ni se hacia el embargo.
Los otros decían que habían dejado de ir a otro negocio que les importaba mas por venir a aquel. Finalmente, después de dadas muchas voces, al cabo carga un porquerón con el viejo alfamar de la vieja, aunque no iba muy cargado. Allá van todos cinco dando voces. No sé en que paro. Creo yo que el pecador alfamar pagara por todos, y bien se empleaba, pues el tiempo que había de reposar y descansar de los trabajos pasados, se andaba alquilando.
Así, como he contado, me dejo mi pobre tercero amo, do acabe de
conocer mi ruin dicha, pues, senalandose todo lo que podría contra mí,
hacia mis negocios tan al revés, que los amos, que suelen ser dejados
de los mozos, en mi no fuese ansí, mas que mi amo me dejase y huyese
de mi.
